Los árabes, que ocuparon el Vinalopó y permanecieron 800 años integrados en la taifa de Murcia, lo denominaban Asf ("ciudad-fortaleza") y dejaron su huella en la red de acequias para el regadío y en diferentes construcciones. Desde principios del siglo XIII las disputas con los cristianos fueron continuas hasta que en 1243 cayó en manos cristianas y en 1244, con la firma del tratado de Almizra, se integró en el reino de Murcia. El 29 de agosto de 1252, Alfonso X el Sabio firmó carta delimitando el territorio de Alicante, donde da entidad de población a Aspe. Durante un breve periodo de tiempo perteneció al infante Juan Manuel, hasta que, en 1296 y durante la guerra con Castilla, los aragoneses lo ocuparon y lo confiaron al rais de Crevillente. Por la sentencia arbitral de Torrellas de 1304, Aspe quedó definitivamente incorporada al Reino de Valencia. Tras pasar por manos de diferentes señores a finales del siglo XV pasó a poder de los condes de Cocentaina. Tras la expulsión de los 570 moriscos que había en 1609 quedó desierta hasta el 22 de mayo de 1611, cuando el señor del lugar (según unas fuentes el marqués de Elche, según otras el duque de Maqueda) dio carta puebla a 156 cristianos de Torrijos (Toledo), lo cual explica que el habla de Aspe sea el castellano.
Hay referencias de población en Aspe en los diferentes yacimientos, que pasan por el Paleolítico (Peñón de la Ofra; Cueva del Rollo); el Neolítico (Tabayá, Murón de la Horna); los íberos, que la denominaron Aspis –"jasp"— y se asentaron en el Castillo del Río; los romanos potenciaron la agricultura y le cambiaron el nombre por el de Laspis, y la ubicación, trasladándola a la actual, en la Vía Augusta creando así los dos núcleos que se mantendrían hasta la definitiva fusión en el siglo XVIII, Aspe el Viejo y Aspe el Nuevo; los visigodos (necrópolis de Vistalegre).















